El planteo de Eduardo Blauntein es acertado. El más claro ejemplo está en dos de las descripciones que ofrece a lo largo de su nota: cuando se refiere a que el debate por parte de la sociedad ha muerto y al señalar como las revistas de ese rubro y los diarios han perdido espacio frente a sus pares de la farándula, y que las tapas que refieren a las cuestiones político–sociales han quedado debajo -ocultas- de las impresionantes fotografías que muestran las curvas de la vedette o modelo de turno.
Ahora bien, me pregunto si el debate debería ser si la teoría de La Aguja Hipodérmica está más vigente que nunca o como hacemos para intentar transformar una sociedad vacía de sentimientos, alienada por el mercado de consumo e hipermaterializada en otra con valores más humanos, donde no reine el individualismo sino la preocupación por una realización colectiva que implique poner, cuanto menos, la atención de cada uno de los nosotros en los problemas de los demás. Por más ajenos e insignificante que nos parezcan.
La preocupación de Blaunstein ronda en torno ha lo qué ha producido en la humanidad más de ocho décadas de continuo contacto entre los hombres y los medios de comunicación masiva, y su inmediata conclusión es que nos ha transformado en el eslabón previo al ser más idiota del universo. Me pregunto al respecto, y nuevamente, si el cuestionamiento por parte del autor debería ser tal, o si en realidad debería intentar preguntar si los medios no son un engranaje más de un sistema que en nombre de la “libre competencia” despierta lo peor del ser humano y lo acorrala hacia la frivolidad y la insensibilidad.
¿Son el problema los medios de comunicación o lo es realmente un sistema que basa su esencia en una sociedad de consumo que requiere del no pensamiento de las masas para que estas sigan consumiendo sin parar, y así mantener la maquinaria de derroche de recursos más grande que haya conocido la humanidad? El problema no son solo los medios, sino que estos se encuentran desarrollados en sociedades capitalistas y al no poder escapar a esa realidad toman el rol que toman.
Luego de este patético intento de reflexión acerca de la contratapa escrita por Eduardo Blaustein creo que el debate a plantear, más allá de si la teoría de La Aguja Hipodérmica tiene o no vigencia, no es otro que cómo hacer para transformar está sociedad que cada día se aleja más de la realización colectiva así como de la individual. ¿Por qué no preguntarnos en que fallaron las pasadas generaciones, más concientes y cultas, para que los medios no tomaran el rumbo que nos llevó a esta realidad? ¿Por qué no, a través de la autocrítica, iniciar un proceso de reflexión que nos permita analizar las causas de la actualidad del mundo y la humanidad?
Es necesario hacer primero esa autocrítica para luego intentar buscar las formas que nos permitan alcanzar la transformación de los grandes medios, en un mundo donde absorben cada día más poder.
También es necesario que parte de ese debate incluya ideas nuevas y originales, adaptadas a las necesidades y carencias de esta época, para lograr que cada uno de “los mogólicos” que habitamos el planeta en la actualidad, tal como nos define Blaustein, “despertemos” y así caigamos en la cuenta de que los medios y su accionar están realmente mal, pero que forman parte de una sociedad que es moldeada por un sistema perverso donde sobrevive el que más dosis de cinismo e insensibilidad posee.
Criticar y quejarse es fácil, aportar soluciones no tanto. Al menos eso parece cuando se habita la Argentina del siglo veintiuno.
Federico conditi
Fuentes:
http://www.criticadigital.com.ar/index.php?secc=nota&nid=11253&pagina=5
http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=11315&pagina=4
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