Pucha che! Eduardo Blaustein está hecha una vieja y se la agarró con los medios. Encima dice que la humanidad se hizo mas imbecil y que estamos mas idiotas, aturdidos y tontolones. No creo que se enoje por lo que escriba, total estamos hechos mierda ¿no?
Resulta que conozco a un tipo que hace gestos iguales a los que Blaustein señala en su texto La hipodérmica (parte I). Alzando las manos y doblando los dedos índice y mayor al estilo comillas. Pero adentro de un estudio de radio y en el éter. Y créanme que no es ningún imbecil.
Entiendo y puedo compartir con Blaustein, que la mayor parte de la programación del medio televisivo (siempre se refirió a programas de TV) no sea agradable. Pero ¿que culpa tiene los medios de eso? Si son fabulosos, extraordinarios, fantásticos, transmiten sonidos, imágenes, informan, desinforman, confunden, atraen, emocionan, hieren, conmueven. Ya bastante tienen que soportar siendo victimas de sus dueños. No es menor. Pobres medios.
Una noche, hace unos 20 años en el Segundo piso de un departamento de 2 amientes, en la calla Atuel del barrio de Parque Patricios, donde vivía con mis viejos y mi hermano, recuerdo una transmisión radiofónica en la que una locutora hablaba de lesbianismo y dicho momento era interrumpido por el intimidante grito de mi Viejo, desde la pieza de al lado, invitándome a apagar el radiotransmisor. Juro que no tenía ni la más pálida idea de lo que la locutora estaba hablando. La radio no la apague, la deje bajita y me quede escuchando hasta el cierre de la emisión. Nada innovador, un tradicional comportamiento adolescente.
¿Qué había sido lo que mi viejo (conservador hombre liberal) escuchó esa noche por el medio radiofónico para reaccionar con semejante alarido de indignación?
De hecho en mi casa se solía morfar a la noche con varios programas vinculados a la ¨patota cultural¨ como invitados a la cena. Al día de hoy sigo añorando las muecas de incomodidad de mis viejos al estar observando por TV los mismos culos y tetas que yo estaba mirando. Pero se cagaban de risa. Era una satisfacción ver como los desgastados y alienados rostros de mis padres se fundían en una carcajada entre esterilizados culos triunfantes de la época.
En la Patagonia Argentina , allá por los años 90, visitando una comunidad Curruinca. Me decían que el símbolo colonizador de la espada y el crucifijo había sido reemplazados por la fibra óptica.
Otra que si debemos reírnos tanto de la teoría de la hipodérmica, los efectos de la comunicación masiva y que cualquier idea persistentes pueda adueñarse de nuestra mente. Ahora Internet, como medio digital de comunicación, es fabuloso.
Mi hipótesis es que los medios no nos enferman, lo que nos enferman son sus dueños.
Es muy posible que los propietarios del medio gráfico, que viene preparado de farmacia en frasco de vidrio ambarino y a la espera de la abuela, sea el mismo que factura cantidad de dinero con el medio que reluce los todavía frescos culos que estallan en los kioscos de medios, y seguramente son aquellos que le pagan el sueldo al gritón inconexo obsecuente del patrón.
La calidad comunicacional de los medios masivos en la actualidad, está íntimamente ligado a los intereses que representan sus dueños.
Lo primero que se me viene a la mente es el, cotidianamente utilizado, término tragedia. Un desafortunado hecho inevitable de la realidad y de magnitudes trágicas ¿verdad? Bien, la transmisión oficial de los medios de comunicación masiva, ratifica el uso de ese término para un suceso en el cual la comprobada irresponsabilidad de un funcionario público (Aníbal Ibarra), permitió que al momento de incendiarse el boliche del empresario Omar Chabán: Cromañon, estuviese habilitado. Hecho que hubiese evitado, repito e-v-i-t-a-d-o, por lo menos, la muerte de 194 jóvenes. Ningún hecho inevitable, ninguna tragedia. ¿Cuándo existen responsables de tantas muertes, qué término comunicacional correcto debiese usarse en los medios masivos? ¿Masacre? Suena fuerte.
La sociedad en la que conviven los trabajadores de los medios, y los medios, cabalga en una permanente contradicción. Donde el pacientehumanidad es víctima no del medio si no de sus propietarios. Aquellos que con los medios masivos en sus manos vienen fomentando hace medio siglo, una comunicación aislante, enfermante crispante, empelotudiciente.
Ah, el tipo de los gestos en el estudio de radio, es dueño de una escuela de comunicación. Y repito, no es ningún imbecil.
Me pregunto, como Blaustein, si debemos reírnos tanto de la teoría de la hipodérmica. Mejor pongámonos a pelear por una comunicación en manos de otros intereses. Así cuando recuperemos los medios y Eduardo-Blaustein- quiera ir con sus nietos y nietas a ver un programa de TV al teatro, ya no sufra y mucho menos se vea obligados a llevarlos.
Diego Scibona
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